Para la ciudadanía la mejor opción es que la economía esté al servicio de la creación de valor útil para la vida cotidiana de todos y de cada uno. Si las dinámicas económicas respondieran a ese propósito la economía sería amable, cada vez más amable. El horizonte sería promisorio, capaz de albergar sueños y esperanzas, como en la Argentina de hace un siglo. La visión que nutrió ese horizonte y posicionó al país entre los más atractivos del planeta se esfumó hace mucho. Recuperar la sintonía con un atractor tan poderoso es el hambre que rasca en el corazón de la mayoría de los argentinos, también desde hace mucho.

 

¿Reforma tributaria?

Bienvenido todo lo que pueda dar lugar a una sociedad rica, capaz de ofrecer las mejores oportunidades a su ciudadanía. Cuando lo que rige es altamente ineficiente, inequitativo y desesperanzador nada mejor que poner en juego lo que contribuye a viabilizar una sociedad más eficiente, equitativa y vital. Sin duda, para salir de la elevada conflictividad y fragilidad social hay que moverse hacia mejores formas de producir, distribuir y consumir.

Aunque ya se configuró una sociedad red con alta disponibilidad de información, complejidad e interdependencia creciente, se mantiene la inercia de paradigmas que fueron instalándose en los siglos precedentes y décadas pasadas. Todavía predominan las dinámicas de la sociedad industrial, aunque hay emergentes en los más diversos ámbitos y las transformaciones son y serán inevitables. Se haría muy bien en estar atentos a los modos emergentes, más ágiles, livianos y facilitadores de la creación de valor, para dar lugar a las modalidades más sinergéticas, capaces de beneficiar a todos y cada uno, de distinta manera y al mismo tiempo, incluido el ecosistema biosocial del que somos partícipes.

En vez de aferrarse a las dinámicas del sistema económico diseñado en la era industrial, que pensó la economía como la ciencia de la escasez, es momento para moverse hacia una economía pensada desde la abundancia y para la abundancia de recursos y sustento de alta calidad: una economía amable, que corresponde a una sociedad del conocimiento, una sociedad creativa a la altura de los desafíos y oportunidades de este tiempo.

 

La economía expresa la cultura de una sociedad

Cada cultura genera su economía de acuerdo a los patrones de creencias y conocimientos subyacentes a los comportamientos. La economía expresa el sistema cultural que da lugar a la capacidad individual y colectiva para crear las realidades personales y sociales. Lo curioso de la sociedad actual es que dispone de mejores conocimientos de los que aprovecha para crear las realidades cotidianas.

La clave es nutrir consistente y sistemáticamente aquellas transformaciones que se orienten a un horizonte promisorio, para despertar en la gente un genuino sonreírle a la vida. En el nivel que sea, la principal función del Estado en todo su espectro político-burocrático es y debería ser facilitar la vida diaria de la ciudadanía en cualquier ámbito de actividad y circunstancia de vida, en cualquier espacio geográfico bajo su jurisdicción.

Un contexto amable sólo se genera y mantiene con la participación de toda la ciudadanía, en lo que sea que haga a cada momento, en lo que se hace y en cómo se hace. Pero el Estado es el principal responsable de generar las condiciones que lo facilita y sustenta. Sus regulaciones tendrían que estar muy orientadas a favorecer la creación de valor, multidimensionalmente, sea que pueda medirse bajo parámetros monetarios o no. Aire puro en la ciudad, en el campo, en donde sea no es una cuestión de intercambio comercial, pero hace diferencia para quien respira.

 

¿Cómo impulsar una nueva instancia evolutiva de la economía?

El sistema tributario generalmente no despierta la alegría de la ciudadanía, menos en Argentina en donde alimenta la ineficiencia, la inequidad y la desesperanza. Es muy obvio que el sistema tributario argentino es excesivamente pesado. Alivianarlo liberaría energía a todo emprendimiento, daría respiro a la gente de carne y hueso, como lo hace el aire puro.

El desafío es para los especialistas. Sin embargo, los especialistas harían muy bien en enriquecer su perspectiva con otras miradas. Se sabe que la alta especialización conlleva cegueras, y que son los otros, los que miran diferente, con otros conocimientos y experiencias, quienes pueden contribuir a despejar las cegueras de los más avezados especialistas en el abordaje de cuestiones complejas como lo es la reforma de la arquitectura fiscal.

El sistema tributario está en condiciones de transitar una instancia evolutiva, como lo hizo históricamente cuando surgió la contabilidad de partida doble, en el tránsito del Renacimiento. Anteriormente la contabilidad era muy rudimentaria y no existía la posibilidad de determinar ganancias, de modo que los tributos al fisco se realizaban en base a la producción. Por ejemplo, en el imperio romano se cobraban diezmos.

Si bien los sistemas contables se han sofisticado, siguen siendo monoreferenciales. Todo se traduce a moneda, que es el parámetro para homogenizar el valor de otros bienes. Sin embargo, no todo puede ser traducido a moneda. Qué se produce y cómo se produce es muy importante, cada vez más importante, ya que a partir de ahí se abre un abanico de cuestiones muy complejas que apenas están comenzando a ser abordadas.

Los especialistas todavía están muy anclados en la economía monetaria. Sin embargo, es posible comenzar a tratar diferente lo que es diferente en cuanto al genuino aporte de valor social. La reforma tributaria en ciernes bien podría incluir un primer paso en ese sentido.

 

Trato diferencial a lo que ofrece valor diferencial 

Vivimos en la era de la información. Los sistemas de información actualmente al alcance están en condiciones de responder a una mayor complejidad y de proveer información más rica. Información apropiada permitiría articular medidas que incentiven aquellas actividades de alto valor social y desincentiven las de bajo valor social, aún a partir de los impuestos ya vigentes que seguirán estando luego de la reforma planteada.

En los últimos años ha surgido un nicho empresas de triple impacto: económico (monetario), social, ambiental, e incluso cultural. Las Empresas Sistema B son compañías que se embarcan en procesos de aprendizaje tendientes a responder a los desafíos de la sustentabilidad socioambiental. Orientan su actividad en relación a parámetros económicos multidimensionales, comprometiéndose a producir bienes y servicios con un valor diferencial.

Si bien siempre existieron diferencias en la calidad de los procesos y los bienes producidos por distintas compañías, este  nicho tiene la particular virtud de buscar visibilizar esas diferencias, considerando aspectos cruciales que involucran los desafíos socioambientales que se transitan. Significa que están comenzando a surgir modos de diferenciar qué se produce y cómo se producen los bienes y servicios.

Un próximo paso deseable y posible es que los sistemas de información del Estado incluyan maneras de evaluar los aspectos relevantes involucrados en la producción de bienes tangibles, para identificar diferencias significativas en lo que se produce y en cómo se produce. A partir de esa información se estaría en condiciones de dar trato fiscal diferencial para favorecer los productos y procesos que generan mayor valor biosocial, no monetario.

Un impuesto tan gravoso como es el IVA (impuesto al valor agregado) en Argentina podría ser una clave para reconfigurar el sistema. Para avanzar en ese sentido, sería oportuno considerar menores alícuotas con respecto al IVA para algunos productos de alto valor biosocial no monetario como casos de referencia,  dando lugar a un proceso de aprendizaje social tendiente a valuar los productos, de acuerdo a las múltiples dimensiones no monetarias que intervienen en ellos.

El proceso de aprendizaje podría iniciarse con la adopción de metodologías participativas para evaluar las bondades de los productos que se propongan como casos. Como punto de partida, distintos actores podrían aportar su opinión informada en aspectos de su conocimiento, que complementen y enriquezcan las ya en uso en el nicho de Empresas Sistema B.

 

Un producto de alto valor social 

La copa menstrual, elaborada con silicona hipoalergénica, es un ejemplo de producto con alto valor social, merecedor de una alícuota lo suficientemente reducida para favorecer su producción con la menor carga impositiva y facilitar su acceso al mercado. El alto valor social del producto está en la esencia de su ADN, ya que reúne:

  • Bajo costo de gestión por ciclo, con un gasto mensual equivalente a una manzana.
  • Alto impacto ambiental positivo, prácticamente basura cero/evitando residuos no reciclables.
  • Alto impacto social positivo, ya que el dispositivo ofrece comodidad y practicidad junto con una transformación de la experiencia femenina.

En este sentido, es importante señalar que despeja el estigma de la suciedad asociado al ser mujer. Lejos de ser suciedad, la sangre es vitalidad. Poder considerarlo así, con una experiencia tangible, da lugar a una perspectiva mucho más sana y enaltecedora, tanto a nivel individual y como social. Mujeres más felices y conscientes del propio cuerpo hacen diferencia en una sociedad en donde lo normal es la enajenación. Quizá sea exagerado, pero es probable que la mayor de la población no tenga la menor idea de cómo apoya los pies al caminar en su día a día. La enajenación que apareja una escasa presencia de ser corroe la capacidad de compromiso con lo que se hace, aparejando un pobre desarrollo de habilidades y talentos, baja autoestima y capacidad de contribuir y ser feliz.

 

Saltar los límites y abrir posibilidades a la innovación sistémica

Considerar cambios en el sistema tributario cuando la situación combina alta presión tributaria y fuerte déficit fiscal en un contexto con otras fragilidades sociales y económicas es un desafío. Sin embargo, del mismo modo que se resuelven las paradojas, “saltar” los límites que marca el sistema vigente es lo que permite generar cambios en las dinámicas instaladas.

Saltar los límites del sistema  significa un cambio en la mirada que habilita a poner en juego algo que antes era invisible, incluso inexistente. Aborda las cuestiones desde ángulos inusuales. Escabulle afirmaciones del tipo: “…es así” “…funciona así” “…debería ser así” “…, lo pensamos así”. Abre posibilidades tanto a nivel individual como colectivo, en cualquier organización humana.

En un sistema tan complejo como lo es la sociedad siempre hay iniciativas que buscan mejoras, como las hay en todas las instituciones. Prestar atención a esos emergentes y abordarlos con una mirada fresca, curiosa, indagadora es una práctica que enriquece la perspectiva y ese enriquecimiento abre a la creatividad. Incluir emergentes significativos en los procesos de innovación sistémica permite generar y apalancar aprendizajes. Así los nuevos conocimientos y modos de gestionar dan lugar a presentes cada vez más amables y horizontes cada vez más promisorios. El sistema se recrea, el conocimiento se vuelve sabiduría, la felicidad tiene mejor lugar.

Sería muy oportuno que la reforma fiscal sea provechosa para avanzar en la necesaria innovación sistémica. Hay que saltar fuera de los ya estrechos e incómodos límites del actual sistema socioeconómico. La pobreza está allí, creciendo con buena salud a expensas de la gente. La economía tiene que estar al servicio de la vida cotidiana de la gente. No importa cuán lejos se esté, hay que moverse hacia una economía amable, sustentadora.

 

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