Cada quien deja huellas por donde sea que vaya, de muchas maneras. Charles François lo hizo maravillosamente.

Charles, exhibiendo su sonrisa genuina

Nacido en Bélgica, el 5 de septiembre de 1922, estudió ciencias consulares y comerciales en Bruselas y luego, escapando de la guerra, se unió a su padre en el Congo belga. Establecido allí desarrolló su propio negocio, que requería que viajara por el país, mientras continuaba estudiando y escribiendo crónicas sobre temas sociales.

Un gran lector, tal así que a principios de los años 50 conoció la perspectiva sistémica leyendo una novela en la cual uno de los personajes, el “conector”, aparecía cuando un problema podía resolverse prestando atención a los elementos interrelacionados que estaban interactuando en la cuestión. Al “conectar” los fragmentos “aparentemente aislados” los problemas se desvanecían, y como nadie vive aislado, eran muchos y variados ¡Todo tiene que ver con todo, de alguna particular manera!

Charles disfrutó tanto la novela que escribió una carta al autor, lo que resultó en una  impensada conexión con el mundo del pensamiento sistémico. Así pronto conoció el trabajo fundamental de Norbert Wiener “Cibernética” y comenzó a intercambiar cartas con varios investigadores sistémicos de la Sociedad Internacional de Ciencias Sistémicas. En eso, a principios de los años 60, se dio cuenta de que tenía que abandonar el Congo, que atravesaba un delicado momento.

Siendo François de los pocos belgas que tenían amigos entre los pobladores locales, e incluso conocía personalmente a Lumumba, quien más tarde se convirtió en el primer Primer Ministro electo de la República del Congo, pudo conocer los acontecimientos en ciernes. Tomando recaudos dejó su negocio en manos de sus colaboradores locales, trasladó su familia a Bélgica y exploró la Argentina,  radicándose en Mendoza, capital de la provincia de Mendoza.

Buen emprendedor, estableció una juguetería en una ubicación estratégica de la ciudad, y al poco tiempo dentro de esa tienda instaló una estafeta de correo, informal, al solo efecto de facilitar los intercambios entre el cónsul belga de esa provincia, radicado en el interior de la Provincia, y sus conciudadanos en la región. Resultó que después de unos años el negocio fracasó, justo en el momento en que falleció ese cónsul, y para dejar todo ordenado como corresponde Charles se presentó a su Embajada en Buenos Aires y explicó el asunto de la oficina de correos a los funcionarios. Ellos no dijeron mucho, pero unos días después el embajador llamó para ofrecerle un puesto, que Charles mantuvo hasta su retiro. Nunca volvió a mudar de país.

Durante los 21 años de servicio activo en la Embajada de su país, Charles se aseguró de que cada nuevo embajador entrante supiera que él no era un diplomático de carrera, recordándoles que Argentina era su país de residencia elegido. También, a cada uno hacía saber de su compromiso y entusiasmo para contribuir con la  comunidad de pensamiento sistémico.

A principios de los años 70, Charles François comenzó a dar conferencias y tutoriales dentro de la Sociedad Científica Argentina, lo que pronto dio lugar al surgimiento de un grupo de investigación: el GESI. Luego, en 1976 fundó y fue elegido presidente de la Asociación Argentina para el Estudio de Sistemas y Cibernética, siempre conocido como GESI, capítulo argentino de la Sociedad Internacional de Ciencias de Sistemas (ISSS) y miembro fundador de la Federación Internacional de Sistemas Investigación (IFSR). Siendo el mentor de esta organización, actuó como su presidente honorario hasta su fallecimiento, el 31 de julio de 2019.

A partir de aquel feliz descubrimiento, a través del personaje del “conector”, la perspectiva de los sistemas se convirtió en su forma de vida, su filosofía y su pasión. La diseminó activamente en América Latina, por lo que hoy en día son muchos los  profesores e investigadores que trabajan utilizando esa perspectiva y sus metodologías en universidades de toda la región, desde México hasta Ushuaia, en el extremo sur de Argentina.

Actuando en equipo con su esposa Gloria, su colaboradora incondicional, Charles ejerció un liderazgo inspirador, alentando a otros, escuchando atentamente, haciendo preguntas relevantes y guiándolos en su camino hacia el conocimiento, siempre con una sonrisa genuina. La economía, la sociología y la prospectiva fueron sus principales temas de interés y estudio, que siempre abordó desde la perspectiva cibernético-sistémica, escribiendo artículos y libros utilizando su lenguaje y semántica.

Charles y Gloria

Amable y curioso, Charles cultivó muchas relaciones en el mundo del pensamiento sistémico, enriqueciendo su conocimiento de conceptos y metodologías sistémico-cibernéticos, muchos de ellos en desarrollo. A lo largo de los años, intercambió  sistemáticamente con muchos autores, participó en comités editoriales de las principales revistas y participó en las Conversaciones de Fuschl, organizadas por la International Federation for System Researhc (IFSR), en Austria, donde aprovechó la oportunidad para fortalecer lazos personales con otros curiosos y brillantes compañeros.

Así maduró la obra maestra Charles François. Publicada en 1997, la primera Enciclopedia Internacional de Sistemas y Cibernética, es una piedra para los cultores de la perspectiva sistémica, que más tarde, en 2004, se amplió a dos volúmenes. Desde ya, dado que Charles siempre se preocupó por su comunidad de habla hispana, elaboró una obra en español: el Diccionario de teoría General de Sistemas y Cibernética, publicado en 1992, aún antes que la Enciclopedia en inglés. La buena noticia es que, hay un proyecto en curso en el Bertalanffy Center for the Study of Systems Sciences (BCSS) la Enciclopedia estará accesible en la Internet, y es probable que luego sea ampliada y actualizada.

Sin duda, las huellas de Charles François son muchas, están vivas, y así seguirán. En ellas muchos encontrarán su particular manera de contribuir con las suyas propias, haciendo que la trama de vida a la pertenecemos sea más amable para todos y cada uno.

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