El autoecoaprendizaje evolutivo es una de las ocho dimensiones de la espiral de la abundancia, un modelo que comparto en el libro FUTURABLES sociedad creativa, economía amable.

Es una herramienta accesible a todos, allí en donde cada quien está, con su realidad, en el contexto de su vida.

El único requisito es apertura de corazón y mirada fresca, además de una mezcla de curiosidad y vocación de aprendizaje: hay que querer vivir mejor, en un mundo mejor.

Está pensada para avanzar hacia un futuro promisorio mientras gestionamos un presente más amable.

Nos propone reconocer la abundancia disponible, a nuestro alcance, habilitándonos a generar abundancia a partir de la abundancia, al tiempo que desarrollamos consciencia de interdependencia.

Se despliega en ocho dimensiones interrelacionadas. De miles de maneras, porque cada quien la opera desde su propio ser-estar en el mundo. Y esto significa que lo primero es empoderarnos ocupando el lugar que nos corresponde en el centro de nuestro propio mundo, personal y social, cercano y lejano: un mundo del que somos partícipes activos con nuestro ser particular, único, como co-creadores de las realidades que vivimos a cada momento.     

En este modelo, todas las dimensiones de la abundancia son tanto una expresión como un potencial de la abundancia. Cada dimensión tiene contenidos específicos que expresan las particularidades, circunstancias y contextos en los que la persona participa. Todas se mueven en una misma dirección y van desarrollándose en sintonía con el movimiento autoecoevolutivo que cada quien promueve o no; y en ese sentido cuanto más dinámico, estimulante y amable sea ese movimiento tanto mejor.

Su representación es un dibujo a mano alzada, que muestra algunas facetas del modelo, pero está lejos de comunicar acabadamente los muchos hilos que allí confluyen y entretejen: descubrirlas es una aventura de autoecoaprendizaje. Es una quía para reconocer cuáles son las dimensiones en las que estamos mejor nutridos y cómo podemos aprovechar las interrelaciones para mover la espiral, creando abundancia para nosotros y nuestro mundo.

Hay muchas maneras de abordar la espiral de la abundancia. Lo importante es permitirnos explorar las posibilidades que ofrece, cultivando o refrescando nuestra curiosidad innata, descubriendo o redescubriendo la alegría de aprender y diseminando esperanza y amabilidad, lo cual nos  que viene muy bien a todos en el contexto de alta incertidumbre que vivimos actualmente.

Podemos entrar a ella a través por la dimensión que nos resulte más atractiva para nuestro momento actual, y aquí lo vamos a hacer a través del autoecoaprendizaje evolutivo, que se define así:

Somos partícipes activos de una trama en la que nuestra consciencia juega un rol esencial para nutrir múltiples aprendizajes individuales y colectivos,

ya que evolucionamos transformando nuestro ser-estar en el mundo y las realidades que vivimos día a día.

Las oportunidades disponibles al presente son extraordinarias.

Es preciso reconocerlas e ir por ellas.

Y aquí la vamos a vincular con la esperanza, a través de un fragmento del libro TENUES HILOS entretejen vidas, traman destinos, que lleva por título:  

Un acto de esperanza

La esperanza es una disposición activa del alma. Es una fuerza poderosa que adquiere infinitas formas, siempre alentadoras, aun en las circunstancias más desfavorables.

Nos mantiene alertas a las posibilidades superadoras, sea que nos movamos con gran despliegue en la dirección deseada, sea que las atraigamos manteniéndonos muy quietos, en buena sintonía.

La esperanza siempre está.

¿Por qué pensar que la indiferencia será la única respuesta a nuestros mejores esfuerzos cuando se puede apelar a ella?

Los tenues hilos que lo entretejen todo se tornan visibles cuando les prestamos atención, cuando nos disponemos a reconocerlos, entonces renuevan la vida llevándola a un mejor lugar.

Cuestionar, escuchar, imaginar, comprender, ampliar perspectivas, ensoñar y aprender son verbos esenciales a conjugar para avanzar en ese rumbo.  

La vida tiene “vocación” por la novedad. Esa vocación inherente es el origen dinámico del aprendizaje, del desarrollo y de la evolución en cada sistema complejo, sea de la naturaleza, sea de la sociedad.

Es un principio de creatividad, que supone la posibilidad de la emergencia espontánea de nuevas formas.

Nuestra vocación por la novedad puede ser bien aprovechada para ampliar las fronteras del conocimiento, en un autoecoaprendizaje tendiente a un mundo más amable en el cual celebrar la vida.

Como seres conscientes, está a nuestro alcance impulsar aquellos emergentes que sustentan integralmente la vida.

Abrazar esa posibilidad propicia la configuración de una sociedad creativa, con una economía amable, sustentadora de la vida.

Aspirar a un mundo más amable es un acto de esperanza ¿Qué puede ser más importante?

Nos pone en buena sintonía, nos dispone a aprender con otros y de otros, de millones de maneras, siempre al alcance.

La esperanza siempre está.

Es un recurso esencial, disponible.

Sólo hay que reconocerla, darle el lugar que le corresponde.

Fragmento del Capítulo 3 del libro TENUES HILOS entretejen vidas, traman destinos

Autoecoaprendizaje evolutivo: un acto de esperanza

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