Cada pequeño logro, si favorece tanto al individuo como a la sociedad, es un avance hacia la autoecoamabilidad, lo que en un mundo de alta complejidad facilita generar abundancia a partir de la abundancia reconociendo recursos y poniéndolos a buen uso.

En la iconografía de antiguas culturas indo-mediterráneas, de hace unos 3500-4000 años encontré inspiración para una aproximación multidimensional a la abundancia, y con las lentes de la perspectiva sistémico-compleja las imaginé en el mundo actual.

Hay infinitas maneras de interligar y nutrir estas dimensiones creando abundancia a partir de la abundancia desplegando un movimiento en espiral. Sólo hay que reconocer e ir por ello, sistemáticamente dando lugar a un proceso de aprendizaje, de transformación creativa, evolutiva.

A continuación se describen, sintéticamente, los ocho rasgos de este modelo incluido en el primer capítulo del libro FUTURABLES sociedad creativa, economía amable:   

Creatividad

El hecho mismo de nacer deriva del poder generativo: la creatividad es inherente al ser humano. Todos nacemos con un potencial único, al reconocerlo y nutrir su despliegue aportamos valor con nuestra nota particular al gran concierto de la vida. La creatividad es infinita, creerlo es atravesar el umbral para bienvivir en abundancia. 

Sentido y visión

Al sintonizar el propio sentido de ser-estar desarrollamos una visión del horizonte hacia el cual aspiramos, como individuos y como sociedad. Entonces nuestra creatividad adquiere mayor fuerza, sabemos hacia dónde orientar nuestras acciones, damos  vida a nuestros sueños y anhelos: creamos nuestra felicidad.

Autoecoamabilidad

Nos cuidan antes de que podamos hacerlo por nosotros mismos, con todo aquello que pueden ofrecer y todo lo que podemos recibir: alimento, afecto, aprendizaje. Somos con otros en nuestro ser-estar en el mundo, y en ese ser-estar cada sentimiento, pensamiento e interacción manifiesta la calidad de nuestra amabilidad y cuidado. 

Autoecorganización

Las creencias profundas, sean científicas, religiosas o populares, constituyen los patrones que organizan el sentipensar-hacer: las formas en las que interpretamos, interactuamos y creamos nuestras realidades personales y sociales. Hemos evolucionado lo suficiente, al punto que estamos en condiciones de reconocerlas y hasta cambiarlas: podemos  propiciar lo que sustenta.

Autoecoética – Maestría personal

Cada quien en su oficio, profesión y quehacer participa con sus particulares aportes de valor al entorno cercano y lejano. Somos los artífices de nuestra mejor versión, en beneficio propio y de la comunidad, que a su vez nos brinda el contexto en el cual ponerla en juego. Abrazar este emprendimiento es la mejor inversión, aunque resulte laborioso. Es garantía de satisfacción.  

Prosperidad

Lo que generalmente denominamos riqueza es un emergente de la puesta en juego de las otras dimensiones aquí mencionadas. El modo en que se reconoce, cuida y valora la riqueza, tanto potencial como manifiesta, muestra el tipo de mundo que se es capaz de crear y vivenciar, individual y socialmente. Es de notar que los conocimientos y las tecnologías disponibles habilitan la posibilidad de impulsar innovaciones sin precedentes, dando lugar a un mundo tanto más próspero.

Autoecoresponsabilidad

Comporta la previsión y comprensión de los desafíos, y el compromiso con los esfuerzos necesarios para decidir cursos de acción y concretarlos con diligencia, así como la capacidad de perseverar frente a la adversidad toda vez que es preciso navegar circunstancias desfavorables. Fortalecerla es clave, especialmente frente a los desafíos actuales.  

Autoecoaprendizaje evolutivo

Somos partícipes activos de una trama en la que nuestra consciencia juega un rol esencial para nutrir múltiples aprendizajes individuales y colectivos, ya que evolucionamos transformando nuestro ser-estar en el mundo y las realidades que vivimos día a día. Las oportunidades disponibles al presente son extraordinarias. Es preciso reconocerlas e ir por ellas.

Preguntas reveladoras.

Preguntas como las que siguen contribuyen a enriquecer la perspectiva y ampliar consciencia al respecto. Contribuyen a caracterizar nuestro ser-estar en el mundo y, eventualmente, a generar indicadores —por grados— para cada dimensión, así como a establecer brechas por cerrar, tanto en las configuraciones personales como colectivas:

¿Conocemos nuestras aspiraciones más profundas? ¿Elegimos los pasos que damos a cada momento? ¿Tenemos buena idea de qué aprender y cómo? ¿Exploramos caminos nuevos para acercarnos a lo que más nos importa?

¿Vivimos en condiciones de satisfacer ampliamente nuestras necesidades? ¿La sociedad nos ofrece un contexto amable en el cual vivir? ¿Apoya nuestra realización personal? ¿Se anticipan derivas negativas y se implementan medidas acordes?

¿Nos esforzamos para estar a la altura de las circunstancias que nos toca vivir? ¿Cultivamos nuestro sentido de vida, nuestro ser feliz? ¿Actuamos con integridad y honestidad? ¿Mejoramos día a día como persona? ¿Comprendemos la inseparabilidad especie-sociedad-individuo-cosmos?

¿Respeta la organización social los principios organizativos de la biósfera? ¿Considera las limitaciones de la dimensión humana? ¿Es la densidad institucional adecuada o podría ser más baja? ¿Es la burocracia liviana y está al servicio de las personas?

¿Es nuestra mirada blanda y comprensiva para con las limitaciones propias y las de otros? ¿Nos cuidamos integralmente en cuerpo y alma? ¿Cuidamos a los demás, a los cercanos y a los lejanos? ¿Atendemos el ambiente que nos sustenta?

¿Nos dedicamos a mejorar nuestras habilidades y capacidades?  ¿Aportamos valor con lo que hacemos, sentimos y decimos? ¿Es nuestra presencia beneficiosa para nuestro entorno? ¿Somos conscientemente cuidadosos en cada acción?

En las respuestas a estas preguntas se entretejen varias de las dimensiones representadas en esta “Rueda de la Abundancia”. Ocho es buen número para representar la complejidad y explorarla. Nada obsta que se reconozcan más dimensiones, de hecho hay más, y es probable que al explorar surjan otras significativas. Sin embargo, lo más importante es traer a la luz múltiples interdependencias que operan en diferentes niveles de realidad en los que estamos inmersos y hacen a la calidad de nuestras vivencias cotidianas. 

Explorar preguntas como las de la lista anterior y considerarlas desde distintos ángulos es un método efectivo para desarrollar una perspectiva sistémica, un pensamiento complejo, capaz de reconocer la unidad-diversidad que juega a cada momento en una hologramía individuo-sociedad-planeta-cosmos y más allá, con múltiples interrelaciones e interdependencias en distintos niveles de realidad. Tal reconocimiento conlleva cambios significativos en el sentipensar, facilitando la emergencia de nuevos modos de gestionar el mundo.

Aunque las dimensiones presentadas en esta “Rueda de la Abundancia” se distinguen unas de otras, se encuentran interrelacionadas de diversas maneras. Conviene abordarlas de a tres o cuatro en cada exploración, para así respetar la limitación humana de considerar simultáneamente varias cuestiones. Lo importante aquí es que cada exploración de un conjunto de dimensiones reportará consciencia de interdependencia. Además, la “Rueda de la Abundancia” seguirá mostrando que hay otras tantas  dimensiones por considerar, como recordatorio de que hay más en juego. Se minimiza así el esfuerzo que implica a individuos y grupos a ampliar consciencia y reconocer la complejidad que hace a nuestras realidades.

En síntesis, es buena práctica formular preguntas que estimulen la exploración de múltiples facetas de una cuestión, y al hacerlo así contrastar con una “herramienta simplificada” como la “Rueda de la Abundancia”. Aunque sólo considere ocho dimensiones enriquece la perspectiva, lo cual es esencial para nutrir procesos de desarrollo personal, así como de innovación organizacional y social.  

Propiciar ABUNDANCIA nutriendo ABUNDANCIA

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